48 Horas en Granada

48 Horas en Granada

Voy en peregrinación a Granada todos los inviernos. Sería un crimen no hacerlo, ya que vivimos en Almería, a menos de dos horas de viaje. A pesar de llevar seis años viviendo en España, todavía sigo sintiendo la emoción de poder ir en coche a un sitio tan hermoso y exótico como Granada. A menudo me pregunto si es donde comenzó mi historia de amor con España y con Andalucía. Cuando tenía catorce años pasamos las vacaciones de verano cerca de Málaga en una anodina urbanización de playa, pero mi madre, que siempre hizo que la historia y la cultura estuvieran presentes en nuestras vidas, nos llevó a Granada en una excursión de un día. Me deslumbró. Recorrer los palacios nazaríes y los jardines del Generalife era como estar en un cuento de hadas. Pensé que era el lugar más exótico y enigmático en el que había estado. Posiblemente, no sea por casualidad que viva tan cerca. Así que voy cada año como mínimo un fin de semana y siempre, siempre visito la Alhambra. Es un escape de la vida diaria, una instantánea de un mundo perdido hace mucho tiempo y un destello de otro momento de la historia. Este año, también ha inspirado una colección de Nomad Estilo y quiero compartir con vosotros todo lo que me gusta hacer en la ciudad.

Preparar un viaje con niños nunca es sencillo. En mi caso, tengo un niño de dos años y dos perras que organizar. La semana había sido frenética y había dejado la preparación del equipaje para el último momento, algo que nunca hago, y salimos de Almería en medio de un pequeño caos, dejando a las perras con su cuidadora y haciendo varias paradas de último minuto de camino. Cuando me puse finalmente en la A92, respiré hondo y empecé a soltar la tensión acumulada durante toda la semana. La ruta entre Almería y Granada por el interior es espectacular. Atraviesa primero por el desierto de Tabernas y después acaricia Sierra Nevada dejando a un lado modernos molinos de viento situados como centinelas que vigilan las colinas e inacabables campos de almendros. Cuando florecen los almendros, a comienzos de primavera, conduces entre medias de campos de flores blancas con las montañas nevadas de Sierra Nevada como telón de fondo. Entonces llegas a Guadix, con sus casas cueva y sus minaretes de suave arenisca antes de atravesar los puertos y los bosques de pinos del Parque natural de la Sierra de Huétor y descender hacia Granada.



Siempre me quedo en el Albaicín, la barriada más antigua de Granada, con vistas a la Alhambra y con la sierra detrás. Puede parecer intimidante al principio, ya que entrar en coche no es sencillo, pero nuestro casero nos ha dado unas instrucciones muy precisas y la casa tiene parking gratuito. Una vez en la ciudad, no deberías necesitar el coche. Nuestra casa de alquiler está literalmente a un tiro de piedra del Mirador de San Nicolás, la famosa plaza donde la gente se reúne para oír flamenco y ver la puesta de sol detrás de las Alhambra. Desde la galería acristalada y la terraza de la azotea podemos oír a la multitud y a los músicos callejeros y las vistas son impresionantes. Con un niño pequeño, merece la pena gastarse el dinero en un buen alojamiento. No podemos salir por la noche, así que nos aseguramos de quedarnos en un sitio en el que esto no se convierta en una penitencia. Nos acomodamos y descansamos; tenemos por delante un atareado fin de semana y mucho por andar.

 

Sábado

Aunque ocasionalmente echo de menos esos fines de semana en los que me podía levantar tarde de mi época pre-maternidad, siempre he sido mañanera, hasta el punto de ser un incordio para la gente que me rodeaba, así que el hecho de que mi hijo se despierte a las 7:30 todos los días lo veo como una bendición. Nos tomamos nuestro tiempo para desayunar y estamos pisando ya los adoquines apenas pasadas las 9. He encontrado una guía de la Granada secreta en la casa y tengo muchas ganas para descubrir algunos rincones escondidos de la ciudad. Esta mañana nuestro objetivo es una sección moderna de la antigua muralla Ziri diseñada por el arquitecto Antonio Jiménez Torrecillas en 2005. De hecho, había estado muy cerca de allí en mi anterior vista a la ciudad, cuando subí a San Miguel el Alto en la colina del Sacromonte, pero no sabía que estaba allí. La subida hasta la ermita merece la pena en cualquier caso; te lleva por un sinfín de callejuelas del Albaicín y el Sacromonte. La subida final se hace por una escalera de bloques de granito, dejando a un lado las casas cueva, y no es para los débiles de espíritu. Para el tramo final, llevé a mi hijo a hombros. Buen ejercicio ¿no?
Como regalo extra nos encontramos con un hombre montando a caballo en lo alto de la colina, lo que produjo una alegría indescriptible en mi hijo, que es un GRAN aficionado de los caballos.

 


La sección de la muralla en sí no parece gran cosa desde fuera y causó una gran controversia cuando se construyó. Es una intervención arquitectónica en una estructura antigua ejecutada con sensibilidad y la calidad de la luz y el espacio en el hueco interior es impresionante. Al otro lado de la muralla, aparecemos en un olivar, y volviendo a cruzarla puedes ver toda Granada a tus pies, los cármenes encalados del Albaicín arracimados, la colina de la Alhambra, el moderno y bullicioso centro de la ciudad en la llanura abajo y, por encima de todo, las cumbres nevadas de la sierra. Volvimos callejeando por el barrio gitano del Sacromonte hasta las calles y plazas del Albaicín, ahora llenas de vida según la gente iba comenzando su jornada. Es muy turístico, por supuesto, pero de forma incongruente también es simplemente un barrio español más con su farmacia, pescaderías y puestos de fruta. Se nos había abierto el apetito y paramos a tomar café y churros en la Plaza Larga, en donde músicos, mendigos, e incluso un poeta callejero intentaban (y conseguían) sacar unos pocos euros a los turistas y los vecinos que estaban desayunando.

 


Compré fruta en uno de los puestos y entré en la pescadería a por algo de pescado para la cena de mi hijo. El local estaba lleno de mujeres hablando. Me llena de felicidad simplemente estar escuchando durante la espera, mientras charlan de nada en particular de una forma que solo los españoles saben hacer. Me gusta zambullirme en la vida normal cuando viajo; puedes aprender tanto sobre un sitio en la pescadería como en una iglesia o un museo. A la vuelta atravesamos el Mirador de San Nicolás, donde mi hijo se quedó fascinado por los guitarristas de flamenco. Uno de ellos me dijo que mi hijo sería músico. “Espero que sí”, respondí. Dejamos las bolsas de comida en casa y descansamos un poco antes de bajar al centro.

El Albaicín va descendiendo hacia el río Darro entre calles empedradas y escaleras, plazuelas, fuentes y parques. Según paseas puedes vislumbrar tras los portones jardines fastuosos con palmeras y naranjos y en cada esquina hay músicos tocando guitarra clásica o flamenco. Nos demoramos bajando por la Cuesta de San Gregorio, que serpentea colina abajo hasta convertirse en Calderería Nueva, el pequeño Marrakech de Granada, una calle estrecha llena de bazares y pastelerías marroquíes. Donde la calle se bifurca, paramos en la iglesia de San Gregorio. Las monjas estaban en oración y su hipnótico recitado del Ave María es inquietante y hermoso. Nos sentamos un momento sumergidos en el sonido. Es como si de repente estuviésemos en la España del siglo XVI, sus hábitos y tocas blancas bañados por la luz de las vidrieras, y el efecto es sobrecogedor.

 

De vuelta a la calle, estamos de nuevo en Al-Ándalus, o al menos en una versión del siglo XXI destinada a los miles de turistas que viajan a Granada cada año. Me encanta caminar por esta calle llena de vida y color, aunque las tiendas no son de mi gusto. Paro en mi pastelería favorita, la pastelería andalusí Nujaila y compro algo de baclava para disfrutarlo después en nuestra terraza. Calderería Nueva acaba de forma abrupta en la Gran Vía de Colón, una de las principales arterias de Granada. Uno de mis sitios favoritos en las cercanías es la heladería Los Italianos, tanto por su magnífica decoración original de los años 30 como por los helados, pero la hora de la comida está próxima y lo dejamos para otro día.


Pasamos al lado de la imponente catedral y los clásicos puestos de especias para turistas y nos dirigimos a la principal zona de compras de Granada. Todo el área entre la calle Recogidas y la calle Tablas está plagada de tiendas, plazas, bares y cafés y merece una visita. Esta vez descubrí un nuevo destino gourmet, Locos X El Gourmet, en la calle Darrillo Magdalena, cuya dueña argentina es una apasionada de la cerveza artesanal y la salsa picante. Compré un increíble queso de la zona para hacer un picnic a la puesta de sol y salsa picante hecha con chiles cultivados en las Alpujarras.



Esta vez había reservado en un restaurante nuevo, y damos un paseíto a través de Recogidas hasta la calle Rector Morata, una pequeña calle que sale de la vía principal, hasta el restaurante Alameda Granada. He leído buenas críticas sobre este sitio, y no decepciona, con comida española contemporánea bien elaborada servida en un espacio elegante. Puedes ver a los cocineros preparar tu comida en una cocina acristalada, y los platos son deliciosos y sorprendentes. Pedimos berenjena asada con lascas de bonito que venían bailando y moviéndose encima de la berenjena caliente, lo que hizo que mi hijo gritara de alegría. La paletilla de cordero asado se sirve con una ramita de romero en brasas por encima, echando humo, lo que hizo que mi hizo gritará “¡Fuego!”, repetidamente para deleite del resto de comensales y mi vergüenza. Puede que sea efectista, pero la calidad de su cocina habla por si misma. Definitivamente, volveremos.


Después de comer, cogimos un taxi para subir de vuelta a casa y a una bien ganada siesta. De nuevo mi hijo establece el horario, y me parece bien. Cuando se despierta, le llevo a una zona de juegos infantiles cercana y luego volvemos para preparar nuestro picnic para la puesta de sol. El Mirador de San Nicolás está repleta de gente, ya que es un clásico para ver la puesta de sol en la ciudad. Nuestra azotea es como una pequeña versión VIP privada, y nos sentamos para ver cómo van cambiando los colores de la Alhambra y Sierra Nevada desde el oro al rosa y el violeta mientras disfrutamos de nuestro banquete granadino. Cuando empieza a hacer frío, nos metemos al solarium y nos abrazamos hasta que el último juego de colores se desvanece y el cielo se queda azul oscuro.

Domingo

Me las había apañado para conseguir entradas para la Alhambra, por pura suerte o por mi obstinación, no estoy segura. Lo había dejado para muy tarde, así que tuvimos que levantarnos al amanecer y coger un taxi para estar de los primeros en entrar en el complejo. Nuestra entrada en los palacios nazaríes, que es la parte más hermosa de la visita, era la primera del día. Lo bueno de esto es que estaba todavía relativamente tranquila y los otros visitantes son grupos que tienden a congregarse, así que podemos disfrutar de partes del palacio con una paz absoluta. Nunca me canso de venir; la compleja simetría de la arquitectura siempre me deja sin palabras. Para mí, estos palacios son uno de los edificios más mágicos del mundo. La Sala del Trono es una obra maestra de intimidación por medio de la arquitectura, su elevado techo abovedado diseñado para crear pavor. El Patio de los Leones es todo agua y luz, con una energía casi espiritual. Para un diseñador, es una fiesta para los sentidos. Mire donde mire veo colores, formas, texturas, motivos y atmósferas que van a dar forma a la inspiración de una colección de Nomad Estilo para esta primavera.

 

Desde los palacios nazaríes fuimos andando a través de los jardines hasta el Generalife, el palacio de verano de los reyes nazaríes, y aunque menos ornamentado y extravagante que los palacios, tiene su propia magia tranquila. Los jardines ornamentales te llevan a través de un laberinto de arcos y túneles de construido con setos, junto con fuentes y canales de agua, hasta una villa modesta, con un largo patio ajardinado lleno de flores y agua. Desde aquí puedes volver la vista a los edificios principales a través de un pequeño valle. Pero para mí, las estrellas del espectáculo aquí son las plantas: naranjos, jazmines, amarilys, clemátides, lirios y jacintos. El jardín principal es un arrebato de color y aromas dispuesto alrededor de un largo estanque central con chorros de agua que juegan y salpican, otro rincón mágico lleno de inspiración.



Dedicamos tiempo a disfrutar de los jardines antes de dirigirnos de vuelta a casa para un descanso antes de la comida. Siendo una persona de costumbres, tengo mis propias tradiciones cuando vuelvo a visitar mis destinos favoritos. En Granada eso significa siempre comer en el Mirador de Morayma, un restaurante enclavado en un hermoso Carmen con un bonito jardín y unas vistas espectaculares de la Alhambra. Las mesas de la terraza están a la sombra de un emparrado, y el jardín está en penumbra y fresco en los días más calurosos del verano granadino. Hay un pozo y una fuente y, con el jardín, es un ejemplo perfecto de una casa tradicional del Albaicín. La comida generalmente está buena, pero en esta vista, los primeros platos fueron un poco decepcionantes. Pero los segundos platos de secreto de cerdo y atún rojo sellado estaban excelentes. Disfrutamos de una larga comida y después subimos andando la pequeña cuesta que nos separaba de la casa y de una muy necesaria siesta.

Nuestros anfitriones nos habían permitido dejar la casa en cualquier momento del día, lo que era un lujo. Me adormilé en la terraza acristalada de la azotea y oía todos los sonidos de la ciudad, el flamenco del Mirador de San Nicolás, bandas de música practicando para la Semana Santa en la ciudad vieja por debajo, y campanas repicando por toda la ciudad. Granada es una ciudad con su propia banda sonora.

Era el momento de hacer las maletas y viajar hacia el sur, hasta el próximo año. Nunca me cansaré de ti, Granada. Lope de Vega, el poeta y dramaturgo del Siglo de Oro tenía razón: No sé si llamé cielo a esta tierra que piso, si esto de abajo es el paraíso ¿Qué será la Alhambra, cielo?

  

Ver los fotos de nuestro viaje aqui

Donde nos quedamos:

Nos quedamos en un Airbnb que puedes encontrar aquí.

Para comer:

Los Italianos
Calle Gran Vía de Colón 4

Pastelería Andalusí Nujaila
Calle Calderería Nueva 9

Locos X El Gourmet
Calle Darrillo Magdalena 10

Restaurante Alameda Granada
Calle Rector Morata 3

Mirador de Morayma
Calle Pianista García Carillo 2


Visitar la Alhambra:

Puedes comprar Tickets aquí.

 

Próximamente te presentaremos nuestra colección nueva inspirada en este maravilloso viaje.

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Simone Topolski